“No me conflictua ser un hitmaker”

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“Siento que hice un disco de hits”, se confiesa Marcelo Scornik, el Cuino luego de que ya esté en la calle desde ha más de un mes Basta Cuino, su primer disco en solitario donde reúne a una legión de amigos: Andrés y Javier Calamaro, Vicentico, Gustavo Cordera, Charly García, Palo Pandolfo, Pipo Cipollati, Adrián Dárgelos, Juanse, Joaquín Levinton, Miguel Zavaleta, Daniel Melingo y Tito Losavio, entre otros.  “Me di el gustazo de poner un montón de mis canciones juntas en un mismo disco, pero el satisfacción mayor desde lo humano es la de tener a la glorias cantando, ejecutando y encima son mis amigos”.

El comienzo de la historia

“Yo tenia la mitad del disco demeado desde el 2004 con Tito Losavio para un proyecto que no era ni un disco mío un uno de él, sino que era para dar el material a un lugar X”, comenta. “Finalmente no pasó nada y esa mitad, que eran canciones de los últimos tres años le empecé a agregar otras”.

El Cuino explica que Basta Cuino se lo divide en tres bloques de temas: las que son de mediados de la década del ‘80 y de los ’90 como Bombay, Sábado a la noche, Me llaman Cuino y Godoy Cruz. Del período de 2003 como Eva, Tranquilo y Húmedo, Nena y Primavera y Hielo y de 2004 Mágica y Perversa.

P: El disco tiene una particularidad. Es el único que tiene dos títulos: Basta Cuino y Cuino y amigos

Nebur explica el Cuino, quién diseño el arte de tapa de El Salmón, también lo noto y me torturó mucho con eso y yo a él. En un principio el título del disco iba a ser y es Basta Cuino y la banda era Cuino y sus amigos. Eso estuvo todo el tiempo claro. Entonces me comenta que gráficamente le chocaba repetir dos veces la misma palabra en la portada, incluso yo lo plantié y le dije que la tapa tenia que decir Basta Cuino y no Cuino y sus amigos, pero como Nebur es un viejo zorro y un viejo amigo un día peló la dentadura con Cuino y sus amigos en la portada y al abrir el disco decía un rotundo Basta Cuino. La decisión de que tuviera titulo doble fue de él.

Inmediatamente surge la primera anécdota de la charla de cómo o quién eligió quién diseñara la tapa: “no lo escogí a Nebur porque todavía no había entrado a estudio y un día me lo cruzo cerca de mi casa y le comenté que iba a grabar un disco, y me dijo ‘yo te hago la tapa’. Así que él adoptó el disco directamente,  igual lo hubiera elegido sin dudar.

En su curriculim dice que es permanente colaborador de Andrés Calamaro en la composición de varios hits, como "No me pidas que no sea un inconsciente", "El salmón", "Estadio Azteca" y en la mítica "Mil horas", entre otras.

Desde la humildad de su grandeza se reconoce como autor de canciones y que muchas de sus creaciones que fueron éxitos espera que lo sigan siendo. “No me conflictua en absoluto ser un hitmaker, sino que lo sos en la medida que los temas sigan siendo y se conviertan en hits”. “Mis hijos son hits, como este atorrante”. Se refiere a su hijo Luca, nombre que le puso en homenaje al líder de Sumo Luca Prodan, que no para de moverse de aquí para allá, mientras papá le dice que se quede quieto ante la amenaza de que este cronista le haga alguna pregunta.

El dialogo continua y el Cuino manifiesta que muchas veces piensa en cantar algunos temas que están en los discos de Calamaro como el Vigilante medio argentino o el inédito 22 de agosto. Este último se lo imagina cantando, “pero el tema es que yo no soy cantante. No lo digo para cubrirme por si me sale mal, sino que le pongo mi sentimiento a la canción”. “Yo doy un show donde incluye que cante, lo cual no quiere decir que yo sea cantante. Me siento cómodo con los temas muy al palo y 22 de agosto es un canción que se hace agua la boca”, reconoce.

Silencio, amigos grabando

Señala que las sesiones de grabación fueron muy variadas. “Un día con uno y un día con otro. Era una fiesta”. Explica que era como tener todos los días un programa distinto y yendo a lugares diferentes según los momentos. “Fuimos a conocer el nuevo estudio de Vicentico, estuvimos con el Pelado (Gustavo Cordera, Bersuit Vergarabat) en El Cielito y con Joaquín (Levington, de Turf) en el estudio de Javier Calamaro. Te repito, era tener un programa distinto todos los días con un amigo distinto”. “En el caso de Puente Pueyrredón, Gustavo respetó la temática del tema, pero en la forma de cantarla la hizo propia”, destaca.

También tuvo su lado divertido y adrenalinico, indica y de la satisfacción de saber que las canciones iban quedando cada vez mejor. “Ver a los pibes como te entendían todo. Algunos me pedían que se le agregaran algunas cosas, otros me requerían desde el control para que por el micrófono les fuera cantando la melodía exacta”. Todo esto, reconoce que fue una gran riqueza de amistad y  “el denominador común que abrió un abanico para que estén amigos grabando, otros escuchando a los que estaban grabando y amigos en el control divirtiéndose”.

De repente surge otra anécdota. “En la época del Azteca estaba con Luca en un colectivo que tiene los asientos enfrentados y enfrente nuestro había un señor con su hijo y Luca con este pibe estaba cantando la letra y yo tenia ganas de decirle a esa persona: ‘yo escribí esa canción, si quiere anote mi nombre y mi DNI’ por si no me creía, pero me dio vergüenza”

P: Hasta la salida de Basta Cuino ¿fuiste la joya mejor guardada del rock argentino letristicamente hablando?

Con una mirada de sorpresa para desembocar en un gran risa, el Cuino se confiesa. “En realidad la joya, aclara antes, voy a decir algo que es humilde pero no lo es: la joya no soy yo sino mis canciones. El asombro no para de embargarlo y manifiesta que tal título le causa gracia “pero igual me encanta, siempre fui terriblemente creído de mí mismo. No usé falsa modestia, menos que menos modestia original”.

P: Tu disco se lo podría definir como un mini salmón en donde hay rock, pop, punk, cumbia y blues

Pero el mío tiene quince canciones, exclama como un guerrero por saber que de alguna manera pudo lograr el resumen de las 103 que tiene El Salmón. “Si en el bodoque feliz – como lo denomina al quíntuple disco – no hubiéramos tenido temas de cada cosa que se pueda hacer tendríamos que habernos retirado y estar en este momento trabajando de repositores en Jumbo”.

Señala que todas la canciones le salen “pasmosamente fáciles”, pero marca que hay dos formas de escribir: una es creando sensaciones auditivas con las palabras, porque si llegas a leer el texto por ahí no comprendes su significado. Esto pasa tanto con los temas de Andrés o como con los míos. En cambio la otra es a través de los relatos, donde Fito (Páez) lo hace estupendamente. Es un tipo que te puede contar la balada de Sasha y Sisi. A mi ese estilo me cuesta más, pero reconoce que en Puente Pueyrredón hizo una excepción “porque tiene más de psicodélica que de relato real”.

Mi amigo Andrés

“Nos estamos comunicando muchísimo por mensaje de texto lo cual nos resulta divertidísimo. Ahora estoy de vacaciones junto a Tito en una quinta frente al río Paraná y me siento en la orilla con mi cuaderno y aprovecho para escribir y le mando un mensaje a Andrés diciéndole: ‘que lindo es escribirle al Paraná’ y él me contesta: ‘el Paraná se lo merece’”. Parecemos dos señoras coquetas diciéndose cosas lindas (risas).

Andrés es un tipo al que mis hijos les tiene mucho cariño desde que nacieron, dice el Cuino, del que no se olvidan, del que cantan las canciones y con el que hacen chistes. Eso es una definición por sí misma, subraya. “Musicalmente y cancionalmente, sigue, es el mejor sin ninguna duda”.

En algún momento, evoca, se usaba decir que ‘de acá era el mejor’ y no, “para mi es el mejor. Quiero decir que no hay un disco de otra persona que yo pueda poner y que me vaya a causa más satisfacción sobre todo si en el medio hay una, dos, diez o catorce canciones mías. Pero me gusta definirlo como un gran grandote amigo”.

P: ¿Crees que hay un estilo Calamaro en este último tiempo?

Yo prefiero que la gente hable del estilo Calamaro y que Calamaro hable del estilo Cuino

  Hay que salir al ruedo: presentación en La Trastienda

El disco ya estaba grabado y en los estantes de las tiendas de discos. El Cuino recuerda aquella noche calurosa de diciembre a seis días de la navidad como una aventura que comenzó “creyéndonos estrellas de rock” alojándose en un hotel cerca del lugar. “Al día siguiente, sale a la luz una breve anécdota, me di cuenta de que un par de inadaptados me habían vaciado el frigobar”.

“Mucha gente en la prueba de sonido venia con muy buena onda y me preguntaba: ‘¿Cuino estas nervioso’? y la verdad que no lo estaba. Cuando inició el concierto con Gata Salvaje acompañando a Gabriel Carambula, “en un momento entramos mal en la segunda estrofa y a partir de ese momento no sabíamos que iba a pasar a ciencia cierta, pero para el segundo tema, Tranquilo y húmedo, y aclara “le tengo un cierto capricho porque no es mi preferido, pero si me preguntas cuales son mis temas preferidos te digo que rotativamente todos”. Cuando lo empezó a cantar cuenta que sintió una sensación de poder, pero “un poder sano, vamos a ver que pasa si me si me paro frente al micrófono cada vez para más personas, quizás termine en el Borda con un delirio de grandeza”. “Sentí la misma sensación cuando una noche en Niceto (un bar ubicado en el barrio de Palermo) se presentaba Javier Calamaro”. En ese momento estaba con su banda el Lazarillo Deforme como grupo soporte.

P: ¿Porque no editaste con el Lazarillo un disco o fue un proceso de experimentación tuya?

Fue un experimento que además fue un divertimento. Pero ojo un divertimento donde tocaban Martín García Reinoso, Gringui Herrera, Silvio Toligi y en su momento Matías Sorokin, hermano de Coti. Había canciones muy grosas quizás diferentes a la de los discos de Andrés, las que están en Basta Cuino o las que hice junto a Juanse (Ratones Paranoicos).  Tenia muchas ganas de cantar rock.

El Lazarillo fue una experiencia, un experimento y un divertimento muy violento desde el punto de vista de las letras y lo musical. Son todos rocks al palo y Bombay es una canción de esa época, dice el Cuino y agrega que se dio el gusto de gritar “unos alaridos fantásticos”.                                           

No niega que le gusta estar cantando sus canciones. “En mi caso se dio desde siempre, pero esto lo generó Andrés más que nadie, porque detrás de bambalinas era muy conocido por la gente principalmente para los seguidores de Andrés. También, quizás es donde está ubicada la mayor parte de mi obra grabada y editada”. 

Pero no se cansa de repetir que se dio un gran deleite en juntar a muchas de sus canciones y a sus amigos, pero aclara: “dicho desde la sana competencia, creo que le moje una oreja a todos”. Y reafirma que no es interprete, “yo fui, soy y voy a seguir siendo autor, es como si le preguntaras a un jugador de fútbol si se siente cómo un jugador de fútbol”.

El disco salió bárbaro, apunta y muy probablemente haya una continuación anuncia, “no quiero decir un volumen dos porque es medio piedra – mientras hace los cuernitos – decir volumen dos”.

Siente que la presentación en Las Trastienda fue “un golazo en el que logramos un clima de rock and roll circus con quince monos arriba del escenario" y afirma que ese concepto le gusta mucho para tocar Basta Cuino en algún momento de 2006. “Mientras no pueda venir uno u otro invitado voy a estar cantando yo y en ese caso aclara "no va a ser rock and roll circus sino rock and roll Cuino”.

GRACIAS CUINO!!!

También el agradecimiento a Elizabeth, prensa del Cuino por el contacto y la colaboración de Pablo Avram de CalamaroWeb

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